CAMBIO CLIMÁTICO Y SEGURIDAD ALIMENTARIA

La seguridad alimentaria se da cuando todas las personas tienen acceso físico, social y económico permanente a alimentos seguros, nutritivos y en cantidad suficiente para satisfacer sus requerimientos nutricionales y preferencias alimentarias, y así poder llevar una vida activa y saludable.

OBJETIVOS

 Integrar las cuestiones relativas a la seguridad alimentaria y el cambio climático  Aumentar la capacidad de resistencia de los sistemas alimentarios al cambio climático  Formular estrategias de agricultura de bajas emisiones que no afecten a la seguridad alimentaria  Recopilar información a nivel local, compartir los conocimientos en el plano mundial y reorientar la investigación para abordar un conjunto más complejo de objetivos  Facilitar la participación de todos los interesados en la toma de decisiones y su aplicación  Informar sobre el estado de las negociaciones en el marco de la CMNUCC, con especial referencia a las implicaciones para la agricultura.  Informar sobre los avances de los países en materia de la seguridad alimentaria.  Compartir información y discutir sobre los avances en la región en materia de innovaciones institucionales y en políticas sobre cambio climático en la agricultura y la seguridad alimentaria  Fomentar el diálogo de políticas en torno a temas de monitoreo, reporte y verificación, tanto en temas de adaptación como de mitigación.  Fomentar el diálogo de políticas en torno al rol de la agricultura en el marco de un nuevo acuerdo climático y de sus instrumentos (e.g. contribuciones internacionalmente determinadas).  Potenciar la cooperación mundial en la construcción de agendas de soluciones para enfrentar el cambio climático en la agricultura, en el marco de un nuevo acuerdo climático.

EL CAMBIO CLIMÁTICO AUMENTARÁ EL HAMBRE Y LA MALNUTRICIÓN

El cambio climático empeorará las condiciones de vida de agricultores, pescadores y quienes viven de los bosques, poblaciones ya de por sí vulnerables y en condiciones de inseguridad alimentaria. Aumentarán el hambre y la malnutrición. Las comunidades rurales, especialmente las que viven en ambientes frágiles, se enfrentan a un riesgo inmediato y creciente de pérdida de las cosechas y del ganado, así como a la reducida disponibilidad de productos marinos, forestales y provenientes de la acuicultura. Los episodios climáticos extremos cada vez más frecuentes e intensos tendrán un impacto negativo en la disponibilidad de alimentos, el acceso a los mismos, su estabilidad y su utilización, así como en los bienes y oportunidades de los medios de vida tanto en zonas rurales como urbanas. La población empobrecida correrá el riesgo de inseguridad alimentaria por la pérdida de sus bienes y por la falta de una cobertura de seguros adecuada. La capacidad de la población rural de convivir con los impactos producidos por el cambio climático depende del contexto cultural y de las políticas existentes, así como de factores socioeconómicos como el género, la composición de los hogares, la edad y la distribución de los bienes en el hogar.

SURGIRÁN NUEVOS ESQUEMAS DE PLAGAS Y ENFERMEDADES

Los seres humanos, las plantas, el ganado y la pesca estarán expuestos a nuevas plagas y enfermedades que florecen sólo a determinadas temperaturas y condiciones de humedad. Esto implicará nuevos riesgos para la seguridad alimentaria, la inocuidad de los alimentos y la salud humana.

LA PESCA Y LA ACUICULTURA ESTÁN AMENAZADAS POR EL CAMBIO CLIMÁTICO

El cambio climático está teniendo un impacto sobre los océanos, mares, lagos y ríos y sobre los animales y plantas que viven o son cultivados en ellos. El cambio climático afectará aproximadamente a los 200 millones de familias en todo el mundo cuyos medios de vida dependen de la pesca y la acuicultura. Ciertos recursos pesqueros se harán menos abundantes mientras especies importantes se desplazarán a otras zonas menos accesibles para los pescadores. Las prácticas de acuicultura podrían verse amenazadas, entre otros factores, por el aumento de episodios climáticos extremos, sequías y por el calentamiento de las aguas. Esto hará más difícil para numerosas comunidades de pescadores lograr vivir de la pesca o conseguir el pescado para alimentar a sus familias. Algunas comunidades pesqueras podrían verse desplazadas por el aumento del nivel del mar y se verán obligadas a encontrar nuevos lugares donde vivir y nuevas formas de ganarse la vida.

LA AGRICULTURA CONTRIBUYE AL CAMBIO CLIMÁTICO, PERO ES TAMBIÉN PARTE DE LA SOLUCIÓN

Las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de los sectores agrícola y forestal representan actualmente más del 30% de las emisiones anuales (la deforestación y degradación de los bosques el 17,4%, la agricultura el 13,5%). La agricultura, no obstante, puede contribuir a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, así como su impacto, mediante el manejo de los servicios del ecosistema, la disminución de los cambios del uso de la tierra y la deforestación vinculada a ello, el uso de variedades de cultivo más eficaces, un mejor control de los incendios fortuitos, la nutrición mejorada del ganado de rumiantes, un manejo más eficaz de los desechos del ganado, el manejo del suelo orgánico, la agricultura de conservación y sistemas agroforestales. Además de reducir la emisión de gases de efecto invernadero, las tierras de pasto y cultivo bien manejadas pueden secuestrar cantidades significativas de carbono. El 40% de la biomasa de la tierra, y con ella el carbono biológico, está directa o indirectamente manejada por agricultores, silvicultores o pastores. Está en su interés adoptar sistemas de manejo que combinen la mitigación y la adaptación, mejorando así tanto la seguridad alimentaria local como mundial.

EL MANEJO SOSTENIBLE DE LA GANADERÍA PUEDE REDUCIR LAS EMISIONES DE GASES DE EFECTO INVERNADERO

La tierra utilizada para la producción ganadera, incluidos los pastos y las praderas destinadas a la producción de forraje, representa aproximadamente el 70% del total de tierra agrícola en el mundo. El sobrepastoreo es la principal causa de degradación de las praderas. Prácticas mejoradas de manejo de la tierra podrían ayudar a conseguir un equilibrio entre las demandas en competencia de productos alimenticios animales y servicios ambientales. Las mejoras en los sistemas de manejo pastoral y silvopastorales constituyen vías efectivas para conservar el ambiente y mitigar el cambio climático. La vinculación reciente de políticas y programas de regeneración de los pastos con sistemas de cultivos/pastoreo/ganadería integrados basados en técnicas sin labranza parece prometedora, tanto para los agricultores como para el medio ambiente. La intensificación sostenible del estiércol y las mejoras en su manejo constituyen otra alternativa para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero por unidad de producto ganadero. El uso de biogás proveniente de los desechos animales también puede reducir localmente la dependencia de combustibles fósiles.

ADAPTACIÓN AL CAMBIO CLIMÁTICO DE LOS ALIMENTOS

La interrupción o el descenso del suministro mundial y local de alimentos debido al cambio climático puede evitarse con una irrigación y un manejo de cuencas más eficientes, variedades de cultivo mejoradas, mejoras en el cultivo de la tierra y el manejo agrícola y ganadero y mediante el desarrollo de variedades de cultivo y forrajes adaptados a las condiciones cambiantes del clima. Un uso eficaz de los datos climáticos y previsiones meteorológicas puede ayudar, a través de sistemas de alerta temprana, al análisis de los impactos del cambio climático en la producción agrícola y en toda la cadena alimentaria.

EL AGUA ES CLAVE PARA LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

El aumento de la productividad gracias a la mejora en el manejo de los recursos hídricos agrícolas será fundamental para protegerse de la volatilidad anticipada de la producción dependiente del agua de lluvia. El manejo del riesgo de producción de cara a la creciente aridez y a la variabilidad de las precipitaciones requiere que los sistemas agrícolas, tanto los dependientes del agua de lluvia como los irrigados, sean mucho más flexibles y adaptables en su planteamiento. El ajuste progresivo de los esquemas de irrigación a gran escala resultará fundamental para mantener y aumentar la producción en línea con la demanda, mientras la mejora de las prácticas locales de manejo de los recursos hídricos permitirá a los grupos vulnerables adaptar sus medios de vida.

EL SUELO TIENE UN POTENCIAL SIGNIFICATIVO DE MITIGACIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Las reservas totales de carbono en el suelo superan cuatro o cinco veces las reservas en la biomasa, esto sin tener en cuenta que la degradación reciente del suelo ha desembocado en la pérdida de entre el 30 y el 75% de su carbono orgánico anterior. Globalmente, de esta forma, un aumento del carbono del suelo ofrece un magnífico potencial de mitigación. La restauración de eriales y de suelos y ecosistemas degradados o desertificados (p.ej. con reforestaciones o pastos mejorados) y la adopción de prácticas mejoradas de manejo agrícola pueden reforzar y restaurar el carbono orgánico del suelo, controlar y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y mejorar la calidad y salud del suelo. Estas prácticas de manejo pueden mejorar, al mismo tiempo, la seguridad alimentaria y los servicios ambientales relacionados con el suelo.

LA PRODUCCIÓN ALIMENTARIA SOSTENIBLE Y LAS RESPUESTAS AL CAMBIO CLIMÁTICO VAN DE LA MANO

Las prácticas de producción alimentaria sostenible y las estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático se sostienen mutuamente. Muchas estrategias de manejo del riesgo climático y meteorológico calzan plenamente con prácticas de agricultura y pesca sostenibles, y pueden, de esta forma, promoverse a través de muchos de los programas y políticas que persiguen una producción medioambientalmente responsable. La integración de ambas es un factor clave tanto para la práctica y promoción sostenible de alimentos como para el desarrollo de políticas de adaptación al cambio climático.

LA SEGURIDAD ALIMENTARIA FUTURA DEL MUNDO PELIGRA DEBIDO A MÚLTIPLES DESAFÍOS

Un nuevo informe advierte que, sin medidas adicionales, no se alcanzará la meta de acabar con el hambre en 2030 22 de febrero de 2017, Roma - La capacidad futura de la humanidad para alimentarse está en peligro a causa de la creciente presión sobre los recursos naturales, el aumento de la desigualdad y los efectos del cambio climático, según un nuevo informe que publica hoy la FAO. Aunque en los últimos 30 años se han logrado avances reales y muy importantes en la reducción del hambre en el mundo, “el aumento de la producción alimentaria y el crecimiento económico tienen a menudo un alto costo para el medio ambiente”, advierte el documento El futuro de la alimentación y la agricultura: tendencias y desafíos. “Casi la mitad de los bosques que en tiempos cubrieron la Tierra –se asegura- han desaparecido. Las fuentes de agua subterránea se están agotando rápidamente. La biodiversidad ha resultado seriamente dañada”. Como consecuencia, “los límites del planeta pueden verse superados de continuar las tendencias actuales”, señala el Director General de la FAO, José Graziano da Silva, en su introducción al informe. Para 2050, la humanidad rozará posiblemente los 10 000 millones de personas. En un escenario de crecimiento económico moderado, este aumento de población impulsará la demanda mundial de productos agrícolas en un 50 por ciento más sobre los niveles actuales, según pronostica El futuro de la alimentación y la agricultura, intensificando la presión sobre unos recursos naturales que ya escasean. Al mismo tiempo, habrá más personas consumiendo menos cereales y mayores cantidades de carne, frutas, hortalizas y alimentos procesados, resultado de una transición en curso de los hábitos alimentarios a nivel global que seguirá añadiendo mayor presión, lo que causará más deforestación, degradación de la tierra y emisiones de gases de efecto invernadero.

PARA ALCANZAR EL HAMBRE CERO, DEBEMOS REDOBLAR NUESTROS ESFUERZOS

La pregunta clave que plantea la FAO en su publicación es si, de cara al futuro, los sistemas agrícolas y alimentarios mundiales sean capaces de satisfacer de manera sostenible las necesidades de una creciente población mundial.