TRANSPORTE INTEGRAL Y CAMBIO CLIMÁTICO

Los bonos de carbono (también llamados "Créditos de Carbono") son un mecanismo internacional de descontaminación para reducir las emisiones contaminantes al medio ambiente; es uno de los tres mecanismos propuestos en el Protocolo de Kioto para la reducción de emisiones causantes del calentamiento global o efecto invernadero (GEI o gases de efecto invernadero) El sistema ofrece incentivos económicos para que empresas privadas contribuyan a la mejora del sistema operativo de WALAS de la calidad ambiental y se consiga regular la emisión generada por sus procesos productivos, considerando el derecho a emitir CO2 como un bien canjeable y con un precio establecido en el mercado. La transacción de los bonos de carbono —un bono de carbono representa el derecho a emitir una tonelada de dióxido de carbono— permite mitigar la generación de gases invernadero, beneficiando a las empresas que no emiten o disminuyen la emisión y haciendo pagar a las que emiten más de lo permitido. Las reducciones de emisiones de GEI se miden en toneladas de CO2 equivalente, y se traducen en Certificados de Emisiones Reducidas (CER). Un CER equivale a una tonelada de CO2 que se deja de emitir a la atmósfera, y puede ser vendido en el mercado de carbono a países (industrializados, de acuerdo a la nomenclatura del protocolo de Kioto). Los tipos de proyecto que pueden aplicar a una certificación son, por ejemplo, generación de energía renovable, mejoramiento de eficiencia energética de procesos, reforestación, limpieza de lagos y ríos, etc. En un esfuerzo por reducir las emisiones que provocan el cambio climático en el planeta, como el calentamiento global o efecto invernadero, los principales países industrializados han establecido un acuerdo que establece metas cuantificadas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para el 2020: el COP 21 Paris para cumplir se están financiando proyectos de captura o abatimiento de estos gases en países en vías de desarrollo, acreditando tales disminuciones y considerándolas como si hubiesen sido hechas en su territorio. Las reducciones de emisiones de GEI se miden en toneladas de CO2 equivalente, y se traducen en Certificados de Emisiones Reducidas (CER). Un CER equivale a una tonelada de CO2 que se deja de emitir a la atmósfera, y puede ser vendido en el mercado de carbono a países (industrializados, de acuerdo a la nomenclatura del protocolo de Kyoto). Los tipos de proyecto que pueden aplicar a una certificación son, por ejemplo, generación de energía renovable, mejoramiento de eficiencia energética de procesos, forestación, limpieza de lagos y ríos, etc. En un esfuerzo por reducir las emisiones que provocan el cambio climático en el planeta, como el calentamiento global o efecto invernadero, los principales países industrializados han establecido un acuerdo que establece metas cuantificadas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para el 2050: el Acuerdo de Paris COP21. Para cumplir se están financiando proyectos de captura o abastimiento de estos gases en países en vías de desarrollo, acreditando tales disminuciones y considerándolas como si hubiesen sido hechas en su territorio. La institución encargada de entregar estos bonos son las Naciones Unidas. El requisito que tienen que cumplir las empresas para poder recibirlos es demostrar nuevas inversiones en tecnologías menos contaminantes. El mecanismo (que se aplica sólo a las nuevas inversiones) es el siguiente: - realizar estudios para determinar el nivel de reducción de gases. - realizar una presentación en la ONU. - entrega de los certificados (en caso de aprobación). Sin embargo, los críticos del sistema de venta de bonos o permisos de emisión, argumentan que la implementación de estos mecanismos tendientes a reducir las emisiones de CO2 no tendrá el efecto deseado de reducir la concentración de CO2 en la atmósfera, como tampoco de reducir o retardar la subida de la temperatura. Según el estudio de Wigley, 1999, la implantación del Tratado de Kioto cumplido por todos los países del mundo, incluidos los Estados Unidos, causará una reducción de 28 partes por millón (ppm) para 2050, o reducirá la temperatura predicha para ese año en 0,06 ºC, o sino retrasará la fecha en que debería cumplirse el aumento predicho en 16 años.

EMISIONES EN EL MUNDO GENERADOS POR MEDIOS DE TRANSPORTE.

Como habría que esperar, la intensidad del transporte de personas y mercancías es muy diferente según en qué parte del mundo nos fijemos. Así, a modo de ejemplo, sólo recordar que en la tierra hay unos 600 millones de automóviles, 0,09 vehículos por persona, mientras que en Norteamérica esta relación es de 0,6 y de 0,4 en Europa. En España ya llegan a 0,46. Una vez más, la mayor responsabilidad en las emisiones de GEI debidas al transporte corresponde a los países desarrollados, como muestra el gráfico 1, tanto en lo referido a la situación actual como a la estimada hasta 2030. El gráfico 2 permite comprobar que casi el 60% de las emisiones del transporte son imputables sólo a los ocho países del G-8. El transporte es el sector donde más rápido crecen las emisiones en los países de la OCDE y el segundo en el resto de los países del mundo. Las emisiones mundiales de GEI debidas al transporte se cifran en un entorno del 11,9% y el 14% (ambos datos del año 2000) en comparación con el resto de sectores. La mayor parte de estas emisiones, provienen del transporte por carretera (76%) mientras que la aviación supone un 12% y un 10% los desplazamientos en barco.

GENERALIDADES DE TRANSPORTE Y CAMBIO CLIMATICO

La Conferencia de París ha definido los objetivos a cumplir para mitigar los graves efectos de los gases de efecto invernadero (GEI) sobre nuestro planeta. No obstante, las medidas a desarrollar en cada país deben adoptarlas las diferentes administraciones. El sector del transporte es el responsable en Europa de un 20% de las emisiones de GEI, siendo, tras el sector energético, el principal responsable de la generación de esos gases. Es por eso adecuado reflexionar sobre las actuaciones a llevar a cabo tanto en el área disminuir el impacto del sector del transporte en el cambio climático. En el ámbito metropolitano es necesario seguir aumentando la utilización del transporte colectivo -especialmente el ferroviario que usa energía eléctrica- en detrimento del transporte individual. Y hay que continuar con la estrategia de utilizar el aparcamiento como herramienta de regulación de la circulación de los coches. A corto plazo los vehículos eléctricos no se van a generalizar, pero las administraciones deben seguir favoreciendo/forzando la implantación de los vehículos híbridos en flotas, taxis, autobuses... Aunque no va a tener un impacto inmediato, hay que introducir en las ordenanzas de edificación la obligatoriedad de incorporar a los aparcamientos la instalación eléctrica para recargar los vehículos. En edificios ya construidos debe subvencionarse su instalación con la financiación de las compañías eléctricas, grandes beneficiadas de la operación.